Subir a la abadía de Montserrat un día laborable a las siete de la tarde del mes de Julio por una promesa que tu no has hecho, tiene algunos inconvenientes como aquel que no hay difusión del modelito que luces recién comprado en las rebajas, que los puestos del famosísimo mató montserratino están cerrando faltando la sanísima competencia y que la visita al enclave es tan relajada que si no fuese por la espectacularidad de la naturaleza montañil, el conjunto arquitectónico es de un despropósito funcional que aburre al más conformista. Entre las ventajas exige mencionar el doloroso silencio por la ausencia de subespecies humanas, la rapidísima visita al poco interesante complejo para más gloria de creyentes y la posibilidad de tirar alguna foto con cierto regusto a poco importante para la humanidad pero que no deja de ser curiosa la formación de estos seis señores en busca de su salvador:

… y, coño, que había que estar allí!,… que eso también tiene mucho mérito, señora!
Por cierto, a los señores administradores del parque temático religioso, que si fuera para aparcar el coche en la falda de la moreneta les pago los cuatro eurazos que me cobran pero si tengo que aparcar en atomarpolculo y patear un kilómetro a razón del 20% de inclinación en plena rabieta solar del verano mediterrano que nos reina,… hay que echarle jeta!!!. Sepan que yo soy de los que aparcan fuera porque ya que hay que patear, por lo menos sin que me cueste una rubia.
Juanete,…

