Esta es una afirmación casi cierta teniendo en cuenta que paso más tiempo, consciente, en mi lugar de trabajo que en cualquier otro lugar incluido el pisito que le estoy pagando a nuestros gatos. Pero barbaridades sociales contemporáneas al margen he cambiado de cliente al que le vendo mi alma y por lo tanto mi Yo se ha tenido que ir con sus enseres a cualquier otra parte de la ciudad. Esta sencilla maniobra de cambiar de nido me genera sentimientos contradictorios; desde la nostalgia pasajera y el añoramiento personal por algunos amigos que a fuerza de ser cotidianos se me habían hecho imprescidibles hasta la alegría que generan nuevas singladuras con diferentes cartas y el desahogo al levantarse un día sin las monotonías que destruyen al ser humano. Es decir, que soy de culillo de mal asiento y que ahora me toca tantear a mis nuevos compañeros en busca de un alma gemela, escudriñar el barrio y seleccionar los restaurantes merecedores de mis tickets y, sobretodo, continuar aprendiendo.

Juanete,…


3 Comentarios
Tampoco es que te vayas demasiado lejos ¿no?. ¿Qué es, Calabria con Gran Vía? Lo que no acabo de entender es porque marcas una ruta tan compleja en el mapa. Creo que me pierdo algo… Bueno, ya contarás como va la nueva experiencia. Y cuando quieras hacemos esa cervecita
Como todo la vida continua… se gana y se pierde… muchos cambios te extravían y pocos te dejan fosilizado… (Siempre es bueno tener amistades q te recuerden el momento correcto)
lucalvago: supongo que el camino intrincado es una alegoría sobre lo difícil que es de acometer algunos cambios…
Ep, Laureà,… en esta ocasión el cambio no fué tan difícil, por duro, como laborioso, por lo difuminado en el tiempo, pero como yo mismo suelo decir plagiando a algún prohombre: “la única constante es el cambio”.
A lo de la solución laberíntica supongo que no es más que una artimaña para evitar dos ángulos rectos. Simples migajas de pan.