Hoy me he reencontrado con un pedazito de mi pasado del que guardo muy buén recuerdo. Ha sido en un pueblo lejos de cualquier sitio donde he tropezado con aquel trozo de mundo del que me había colgado, deslizado, encaramado y otros muchos ados más durante mi niñez y que ya daba por extinto. Seguro que muchos de vosotros los recordareis y es que los de mi generación no necesitábamos de terápias psicomotrices ya que estábamos todo el santo día en la calle; “Niño vete a la calle a jugar un rato!” y en el “vete” ya se había cerrado la puerta de la calle tras de mi. Me he reencontrado con mis viejos amiguetes del parque de mi niñez:
El colúmpio de rejas de hierro de cuasi imposible autobalanceo desde la que hacíamos competiciones de salto:

Y la fabulosísima bola del mundo con barra de bomberos:

Los niños de hoy en día tienen unos columpios de última generación con pavimento acolchado, materiales nobles, auténticas pistas americanas para entrenar jedais del espacio y un valla para que los perros no hagan caca dentro y control de niños escurridizos,… sin embargo nosotros lamíamos el hierro mil veces pintado con pintura de plomo, los charcos eran habituales bajo el columpio, soldaduras rotas y hierros oxidados. Es el progreso -dicen- y seguro que estos de ahora atesoran poderes educativos insondables pero yo recuerdo los míos -porque eran míos- con un cariño tremendo.
Juanete,…

