Neste puente, para algunos, de la Inmaculada Constitución he podido ir a ver el documental sobre Fados que culmina la trilogía de Carlos Saura sobre, llamémosles, “artes” latinos. Los otros dos son Tango y Flamenco.
En la sala me maravilló –que los orígenes tíran oiga- la revisión de estilos fadistas por procedencia (Moçambique, Brasil, Cabo Verde, Lisboa, Porto,…) cantados por diferentes iconos del mundo fadista y escenificados por una compañía de Nureyevs y Baryshnikoves acompañados de fotomontajes proyectados sobre grandes paneles.
Aunque más tarde, en la intimidad de un escatológico acto primario, he llegado a la conclusión de que la estética del fotomontaje es muy agradable pero que una revisión del Fado sin el entorno en el que este nace, crece y se reproduce, es original como un capuchino con casera, pero demasiado aséptico. Finalizando ya mi obra y al tirar de la cadena envié junto con el producto de mis digestiones mis más sinceras felicitaciones al sobrado Caetano Veloso por apedrear, insultar y luego decapitar mi muy-más-preferido fado “Estranha forma de vida” en un doloroso homenaje a Amalia Rodriques.

Recomendado para los que se preguntan qué y cómo son aquellos que habitan más allá de Extremadura, para los que no han perdido la sensibilidad artística con los culebrones de telecinco y para aquel monaguillo que se libró in secula seculorum del acoso sexual en el trabajo.

