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El ladrillo alemán. Cronorecuerdos.

Como iba diciendo… dejamos atrás los Bayerische Wald y ponemos rumbo sur-suroeste para buscarle un taller al Toyota, que se ha lastimado una patita. Buscamos en la documentación y para nuestra sorpresa viene dotado con un manual que incluye todos los talleres Toyota de Europa hace quince años, así que cruzamos los dedos, buscamos alguno que se pueda encontrar en nuestra ruta y nos decidimos por ir a una ciudad con la que no contábamos: Passau.

No he explicado, creo, nuestra exquisita fórmula para seleccionar un camping de entre todos los habidos y por haber. La solución a tan terrible problema logístico tiene un planteamiento en el que el mismo dia de la marcha, dependiendo de la hora que sea, hacemos una estimación de los kilómetros que podemos hacer sin mancillarnos las posaderas ni que Pablo que se convierta en un Gremlim -pobre, es un santo y aguanta lo que sea en el coche-,… una vez que sabemos la derrota que seguiremos y los kilómetros que previsiblemente haremos elegimos una zona o ciudad, estirando o reduciendo kilómetros, y elegimos una señal de camping más o menos al azar. Si hay donde elegir procuramos que sea cerca de un lago o rio y si hay en el centro de la ciudad mejor para poder visitarla en bicicleta. Nunca sabemos si habrá sitio libre o la cantidad de estrellas que tiene. A continuación del planteamiento viene la resolución y es que no siempre se cumplen las previsiones -juraría que una vez si- y acabamos improvisando siguiendo el algoritmo del planteamiento pero en otro lugar. Cualquier lugar.

Königsee

 

Este rollazo es para dar entrada al camping que elegimos cerca de Passau. En el mapa ponemos el índice sobre un pueblo llamado Tiefenbach que tiene una icono de esos y cuando estamos llegando consensuamos lo extraño de no haber visto ninguna indicación, dentro del pueblo tampoco, así que por orientación pseudoinstintiva acabamos llegando al camping. El lugar en sí es una antigua granja que ha reorientado su negocio, cambiando las vacas por deliciosos jubilados alemanes de pelo plateado. Del restaurante, es la hora de comer, surgen deliciosos olores persiguiendo platos combinados. Preguntamos con nuestro alemán oxidado por una plaza para nuestra Betty y, el encargado, repasa mentalmente su mapa de sitios libres y nos dice que nos deja un lugar como favor, pero que ellos no tienen plazas itinerantes, todo el mundo es fijo, jubilado y tiene enanitos de jardín en su parcela. Oh,.. probamos pese a que ni nos dice el precio y resulta que es un rincón del paraiso. Un pequeño rincón pradense enmoquetado en verde hierba a cinco metros de un rio de aguas tranquilas, senderos señalizados para correr, bosques frondosos para hoyar, caminos para betetear,… el paraiso del que no me querría ir!De no tener previsto para en Passau, finalmente nos quedamos tres días en sus alrededores. Passau es una ciudad que la cicatrizan tres rios que allí se unen y pese resulta de lo más agradable pese al tirón del turismo. Allí se concentran infinitas rutas que distribuyen cicloturistas por toda europa y enormes cruceros de lujo que recorren el Donau arriba y abajo, arriba y abajo. Merecía la pena no pasar de largo sin saludar.

Passau Passau

Nuestro siguiente destino será el parque nacional alpino de Berchtesgaden, famoso mundialmente por haber sido escogido por la cúpula del nacismo como base de operaciones durante una temporada nada gloriosa de la historia de la humanidad y conocido por el turismo nacional como una maravilla natural donde reside el Königsee, el lago con las aguas más transparentes que mis ojos vieran jamás. Llegamos al mediodía al camping y después de comer nos vamos a ver el lago antes mencionado, llegamos pasadas la seis y nos ahorramos pagar por aparcar y visto el tamaño del aparcamiento nos alegramos de ir tan tarde porque en hora punta debe de ser una orgía de turistas locales. El lago se puede recorrer en unas barcazas eléctricas pero nosotros preferimos caminar rodeándolo por uno de los senderos que hay y disfrutar del fondo arenoso salpicado de árboles víctimas de la ancianidad. Volviendo al parking vemos Kehlsteinhaus en la cima de una montaña y se me antoja que hemos de conquistarlo.

KönigseeKönigsee

Kehlsteinhaus es una residencia, tipo chalet, que la cúpula del partido nazi regaló a Hitler por su cincuenta aniversario y nos proponemos visitarlo. Para llegar hasta la cota 1834 se pueden coger dos caminos; el primero lleva hasta una parada de autobuses que con la sensación de un robo sin violencia te suben en media horita por una carretera cerrada al tráfico y el segundo es una larga ascensión de 900 metros de desnivel sin un solo repecho plano. Aparcamos el toyota, montamos a Pablo en la mochila y empezamos a caminar, intuyendo que queremos ir por el segundo, hacia la parada de autobús y por el camino nos encontramos con un alemán despistado con un mapa que nos pregunta cual es el camino. Me oriento con el mapa y decidimos cual es y el empieza a tirar –es un mulo ario– y nosotros chino-chano sin pretensión de hacer los 900 de desnivel puesto que es mucho con Pablo a la espalda. KehlsteinhausEn un cruce embarrado nos paramos ante la duda de cual será el camino y empiezo a buscar las huellas del mulo ario a ver si hay suerte y la hay, aparece detrás de nosotros asegurando que se ha vuelto a perder — y el lleva el mapa!!– nos volvemos a orientar y ahora memorizo los desvíos que hay pero ya es fácil y empezamos a subir. Sube, sube que te sube por un camino entre el bosque hasta que en una curva aparece ante nuestros ojos, muy arriba, el objetivo. No hay más remedio que continuar subiendo, ya es el orgullo el que empuja y la gravedad la que hunde. Cada pocos cientos de metros recorridos, el móvil nos avisa que hemos entrado en Austria, ora en Alemania, ora en Austria, ora en Al…. y seguimos subiendo.

Por el camino nos encontramos con familias enteras para los que el bus es una ruina y algunos ciclistas descendiendo. Ahora llegar parece asequible pero los quince kilos de Pablo pasan factura y ya me voy parando cada quince metros para meter aire en los músculos hasta que llegamos a la explanada llena de turistas recién bajados del autobús. Allí no hay más remedio que pagar el impuesto revolucionario para coger el ascensor hasta el refugio y preguntamos cuanto nos cuesta bajar en bus con lo que el taquillero hace un amago de hurto y yo le esquivo con un “tomarpolculopandaladrones” y le comunico a Eva que bajaremos andando y a ella le brillan los ojos de la emoción. Entramos por el túnel recubierto de granito y subimos en el lujoso ascensor hasta la planta tres, hay dos más en las que no para el ascensor y se me corre el rimel de imaginar que pueden esconder esas dos puertas. Voy a poner un punto y aparte.

El refugio-chalet de Kehlsteinhaus no era más que un reclamo para llevar a personalidades y otras sanguijuelas o celebrar convenciones del partido nazi pero ahora –hay si Adolfo levantara la cabeza– no es más que un restaurante aceptable de precios móderados –en nuestra España turistica sería un atraco– y una pequeña exposición de lo que fué y como se construyó. Nada pretencioso, es más, germánicamente modesto. El valor histórico está invisiblemente grabado en la piedra pero hoy en día las vistas, inabarcables, son el principal reclamo y hace que merezca la pena subir,… y si es andando mucho más pues dan ganas de plantar una bandera y reclamarlo para uno.

KönigseeKönigsee

Bajar no es más que desandar el camino y volver al camping una bendición. Esa noche nos deleitaron con bailes regionales bávaros en el restaurante.

En el siguiente y último capítulo un breve recorrido por la ruta romántica y el retorno a Hispania.

Juanete,…

4 Comentarios

  1. Fechado el October 14, 2008 a las | Permalink

    Al margen de la historia -me ha gustado mucho lo de un “tomarpolculopandaladrones”- tengo que decirte que haces unas fotos chulísimas. Me gusta mucho como escoges los encuadres (la de la caravana y la del lago especialmente), aunque podrían mejorar mucho con algún primer plano de pablo. ¿Cómo puedes desaprovechar semejante modelo? :-)

  2. Fechado el October 14, 2008 a las | Permalink

    Por cierto… ¿Qué es eso de “Impresiones de un señor sensible”?

  3. Fechado el October 15, 2008 a las | Permalink

    Chasgracias, chasgracias,… se agradecen los cumplidos a mis palabros anidados que no puedo ni debo dejar de promocionar. Suna -vés, otra vez!- característica más de mi salvajemente artística, y humilde en mayúsculas, personalidad.

    Lo de “Impresiones de un señor sensible” es un link al blog de una gran persona que hace unos tiramisús riquísimos.

  4. Israel
    Fechado el October 15, 2008 a las | Permalink

    Menudas batallitas que cuentas primo, con ese don de palabras, que te hace tan caracteristico.

    Me imagino como acabaron tus musculos despues de semejante osadia de cargar con esa “mochila” a cuestas, a ver si cuando crezca un poco, sigues llevandole encima,jajaja.
    Esperamos impacientes tu siguiente relato.

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