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De nieblas artísticas.

He invitado a Charles Lloyd a mi emepecuatro y mientras toca para mí su saxo la realidad que me envuelve, todo lo que estoy mirando, se me presenta perdida como un abismo en la niebla. Este domingo me ha ocurrido lo mismo y lo mismo otros años con el festival de Teatre al carrer de Tàrrega. Primero lo presento para que sepais de que hablo y es que este festival, que se celebra cada año, es un muy buén escaparate para compañías medianas, pequeños espectáculos y artistas callejeros donde muestran su espectáculo en los espacios designados por la organización en plazas y calles a esos empresarios que pudieran acabar contratándolos y a miles de personas que inundan el pueblo con ganas de soltar el pesado metal dentro del sombrero del que mejor les divierta e incluso de tratar magnánimamente y sin ruido a los más flojos.
Pues ayer domingo fuímos como otroros años y por aquello de llevar un carrito con un bebé y que las hordas invasoras nos superaban en número, nos costó mucho más de lo habitual encontrar un lugar donde el sol no hiriese y poder ver un espectáculo en condiciones, cosas del directo. Este hecho, que cualquiera lo vería con fastidio, me supuso una gran oportunidad para saciar mi voyeurismo y ademas de disfrutar de algunos espectáculos de mayor o menor calidad, también lo hice del público formado por tribus urbanas decoradas, antisistemas con aversión higiénica, movilistas, familias de clase media, monjas en estado puro y demás. Todo el conjunto, una vez más, restó protagonismo al mismo escenario -Tàrrega- que puede que tenga maravillas arquitectónicas o un arte culinario extraordinario pero que durante los cuatro días que dura el festival se quedó detrás de la niebla,… niebla de la risa de origen vegetal.

Pequeño homenaje al estoico público:

Público de Tárrega

 

Juanete,…

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