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 Postal desde Sudafrica

 Hoy nos ha llegado a casa un trozo de obsolescencia en forma de postal desde el otro lado del mundo y me ha hecho una gran ilusión, tanto por lo colorido que resulta una postal entre blancos sobres de entidades con ánimo de lucro que de tanto llamar la atención destaca como un coro de mil voces en un mar de politonos y por aquello otro de saber de aquellos, neste caso mi misma cuñada, que han podido ver el león de melena negra cumpliendo así sus espectativas. Quién sabe si esta será la última postal que se envíe jamás en la historia de la correspondencia mundial o puede que después lleguen muchas más pero el caso es que con aquello de los erase una vez un teléfono móvil a un hombre pegado y los correos colicotrónicos, la postal y la carta han pasado a formar parte de la nostalgia colectiva y tendré que explicarle a mi hijo que un día, hace tiempo, la gente escribía con pluma y lamía el culo de los sellos para que las noticias llegaran, a veces, a su destino. Dasformas, me consuelo, ya que no creo que nadie vaya pegando un e-mail en la nevera de casa como recuerdo de que alguien estuvo allí y se acordó de tí y sin embargo yo tengo mi postal con dos leones y unas letras al dorso pese a que mi nevera es panelada y no puedo pegar mi postal bajo un imán del restaurante chino del barrio. Juanete,… 

3 Comentarios

  1. Fechado el October 28, 2008 a las | Permalink

    Cuanta razón tienes, apañero. Cuando era pequeño enviaba muchas cartas y postales. Ahora, aunque esté al otro lado del mundo, sin móvil ni internet, pasándomelo genial, con ganas de compartirlo con los míos y con un estanco antes mis narices, mi yo tecnológico se niega a comprar una postal y unos sellos. Muy contradictorio que nos haga tanta ilusión recibirlas y que nos cueste tanto escribirlas ¿no?

  2. Fechado el October 29, 2008 a las | Permalink

    Razón tienes y si en lugar de un estanco es un cybercafé,… aix!

  3. Israel
    Fechado el October 29, 2008 a las | Permalink

    Que buenos recuerdos aquellos en los que uno llegaba al portal y lo primero que hacia era mirar a ver si alguien, que no fuera el del banco, se acordara de el mio yo. Donde estaran los magicos momentos que tu lector, has dedicado a plasmar parte de tu rutina en un trozo de papel, y que luego, con el simple clack del buzón, compartias tu pedazito de momento a tu destinatario…

    Nunca te olvidaremos.

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